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El Gobierno carece de
política para Malvinas
Un
severo análisis dobre el acuerdo petrolero
Publicado en
“Proyecto Energético” Edición N° 40 – Julio 1996
En la presente
nota el Dr. Raúl F. M. Alconada Sempé, ex Vice Canciller de la Nación y
Asesor de la Presidencia del Bloque de Diputados Nacionales de la UCR,
analiza la política para Malvinas del Gobierno Nacional. En ese contexto, el
autor explica las características de la inconveniente Declaración Conjunta
argentino-chilena del 27 de septiembre de 1995, referida a la exploración y
explotación de hidrocarburos en el Atlántico Sur. Y pone énfasis en la
obligación constitucional de dar a dicha declaración el carácter de Tratado
Internacional que debe ser enviado para su tratamiento al Congreso de la
Nación.
Durante su
carrera política, y mucho más en los últimos meses de la campaña electoral
que lo llevó a la Presidencia de la Nación, el Dr. Menem proclamó la
necesidad de recuperar las islas Malvinas, destacó la urgencia de hacerlo e
incluso invocó la posibilidad de tener que recurrir a nuevos derramamientos
de sangre para alcanzarlo. Pero al llegar al gobierno, toda su política
sufrió una suerte de metamorfosis; la "revolución productiva" y el
"salariazo" los cambió por Bunge y Born y por Alzogaray; su
"antimilitarismo" por el indulto a los Comandantes; su "federalismo" lo
cambió por el "centralismo autoritario"; su "republicanismo" se convirtió en
sometimiento del Poder Judicial, con una Corte adicta, y en la marginación
del Congreso de la Nación, mediante los "decretos leyes".
En política
exterior la transformación no fue menor: cambió su "anti imperialismo
yankee" por las "relaciones carnales"; del reclamo airado formulado en abril
de 1986 de "ruptura inmediata de relaciones diplomáticas" con los Estados
Unidos, ante la agresión sufrida por Libia, se pasó al "alineamiento
automático", llegando a justificar incluso la invasión a Panamá y el
hostigamiento a Cuba; así como en la rápita huida del Movimiento de Países
No Alineados se dejaron olvidada, y no volvieron por ella, la vieja bandera
del General Perón de la "tercera posición". En Malvinas, específicamente, no
fue muy distinto.
¿ Qué pasaba en
el Tema Malvinas en 1989? A pesar de la simpatía que despertó en la
comunidad internacional la recuperación de la democracia argentina en 1983,
el gobierno conservador británico mantuvo la intransigencia -en parte
responsable de la guerra de 1982-, y se negó a iniciar conversaciones
directas, sino excluíamos el tema de la soberanía, mientras se
avanzaba paso a paso en la negociación de los temas concretos:
comercio, finanzas, pesca, petróleo.
Obviamente
resultaba una condición inaceptable para la Argentina ya que el tema de las
Malvinas, por razones históricas, jurídicas, y hasta afectivas, por su
importancia y por su trascendencia, necesariamente debía estar en la agenda
de cualquier reunión o relación que pudiera realizarse o establecerse.
El gobierno del
Presidente Alfonsín no concedió la pretensión ilegítima británica,
expresando la posición sostenido por la casi totalidad de la sociedad
argentina, incluyendo obviamente al peronismo. Este partido, incluso, pedía
una mayor "malvinización" de la política exterior.
Fue así que
durante más de cinco años y medio, resultó imposible poder establecer
relaciones diplomáticas con Londres, hasta que llegó la administración
Menem. y todo cambió; pero todo cambió por parte de la Argentina, ya que la
posición británica se mantuvo inalterable.
El Dr. Cavallo,
primero como Canciller y luego como Ministro de Economía, consideró desde un
principio, y lo mantiene a pesar de las internas oficiales, que todas las
políticas del Estado deben subordinarse a la estrategia de la economía.
Para la
continuidad, y profundización del modelo económico del actual gobierno, es
necesario tener una excelente relación primero con los Estados Unidos, y
segundo, con la Comunidad Europea. Hay que ofrecerles, tanto a gobiernos
como empresas, más ventajas que las que puedan encontrar en otros mercados,
sean tradicionales como emergentes.
No es un
capricho que cada vez que se puso en dudas la vigencia, y a supervivencia
política, del Ministro y de su modelo, se haya recurrido al exterior para
obtener la "ratificación del rumbo", y sea el factor externo el determinante
para impedir que la "interna menemista" volteé al Ministro.
La política
exterior se dirigió entonces a remover y despejar toda sospecha, de que la
Argentina pudiere "intentar" resistir o preservar algún interés nacional que
no fuere exclusivamente la construcción de una economía de "mercado libre".
La Comunidad
Europea es Importante, y el Reino Unido también es importante como país
individualmente considerado y como miembro de dicha Comunidad. ¿Que podía
"ofrecérsele" para darle confianza a los gobernantes y a los inversores
británicos; para que el "Bank of England" resultara un acreedor con
simpatías hacia el Ministro Cavallo?
Se ofreció la
"política de Malvinas". Nunca más tuvimos una política para intentar
recuperar el ejercicio de la soberanía sobre las islas Malvinas.
Se
restablecieron las relaciones diplomáticas y se iniciaron una serie de
negociaciones "paso a paso" bajo a fórmula del "paraguas de soberanía". De
este modo, se dijo, si bien no se "incluía" el tema de la soberanía, tampoco
se lo "excluía" y se podía avanzar en otros campos sin dañar, teóricamente,
la posición argentina.
Desde un
principio señalamos el peligro para la posición argentina que podía tener el
aceptar la propuesta Británica de avanzar "Step to step", pero se nos
contestaba que por el contrario, una vez que hubiéramos “arreglado" los
temas "concretos" no iban a existir motivos razonables para que los
británicos no se sentaran a conversar sobre soberanía.
Pero
lamentablemente teníamos razón, la política ejecutada estaba equivocada. Una
vez que se arregló "step to step" todo aquello que le interesaba al Reino
Unido, y tras cinco años de silencio, sin un reclamo de negociaciones obre
la soberanía, el gobierno de Londres consideró que habíamos admitido "de
hecho" el "drop the claim" que nos aconsejaban, y comenzaron a actuar
unilateralmente, como si la disputa no existiera.
En este
contexto fue que se negoció el tema de la exploración y explotación de
hidrocarburos en el Atlántico Sur, y este fue el marco en que se firmó la
Declaración Conjunta del 27 de septiembre de 1995 en Nueva York.
El gobierno
argentino ya no pudo disimular mas el fracaso de su política de “seducción”
o de “acercamiento a los isleños”. Ya había quedado descartada la
posibilidad de lograr la “concesión graciosa” del Reino Unido para comenzar
negociaciones sobre soberanía; mucho mas lejos había quedado la posibilidad
de poder imponer esas negociaciones.
El gobierno
argentino paso de anunciar la recuperación de la soberanía para antes del
Año 2000, a enfrentar el llamado unilateral a licitaciones internacionales
para explorar y explotar nuestro petróleo, en nuestra Zona Económica
Exclusiva, por parte del gobierno británico de las islas Malvinas.
La
administración Menem quedó frente al siguiente dilema: a) no hacer nada y
esperar que la licitación sea un fracaso por falta de interes de los
posibles inversores. Esto despejaría el futuro pues los isleños se
convencerían que nada pueden hacer sin una buena relación con Buenos Aires.
b) En cambio, si la licitación es un éxito, tendríamos que confrontar con el
gobierno británico y con los inversores extranjeros para defender lo que nos
corresponde por historia y por derecho, en contra de la filosofía del
Ministerio de Economía, y del Canciller.
Hubiera
correspondido rechazar las pretensión británica y advertirle a todos los
posibles inversores de su ilegitimidad y que la Argentina no reconocería
derechos que no fueran otorgados exclusivamente por la Argentina, por el
Poder Ejecutivo con la aprobación del Congreso Nacional (Proyecto de ley del
Senador Eduardo Menem). Esta actitud, al agregarle inseguridad jurídica a
una inversión ya bastante insegura desde el punto de vista geológico,
tecnológico y comercial; hubiera podido significar una dificultad real para
los propósitos del Reino Unido. Pero también, se debe haber analizado
inconveniencia, para Economía y para el Presidente, de esta actitud:
obviamente, el posible enojo del “Bank of England” y la postergación de la
visita presidencial a Londres. Economía ganó una vez más, y todo se
subordino a las subordinación.
Esta es la
verdad de porque se llego a donde estamos, porque “se tuvo” que firmar la
declaración conjunta y porque debemos cambiar urgentemente nuestra política
en Malvinas, o mejor dicho, comenzar a tener una política para recuperar la
soberanía Argentina sobre las islas Malvinas.
Nadie puede
negar la importancia de tener una política económica, pero ésta nunca puede
condicionar las demás “Política de Estado”, como son las consolidación de la
democracia y del sistema republicano, la educación, la salud, la justicia
independiente, la defensa, y una política exterior independiente, y muy
especialmente, preservar la “integridad territorial”.
El Poder
Ejecutivo Nacional tiene la obligación de enviar la Declaración Conjunta
firmada con el Reino Unido al Congreso de la Nación porque se trata, sin
prejuicio de la denominación particular que le hubieran podido dar las
Partes, de un Tratado Internacional, conforme a lo establecido en la
Constitución Nacional – Articulo 75 inciso 22 – y en la Convención de Viena
sobre el Derecho de los Tratados – Articulo 2, inciso 1 -.
El Congreso de
la Nación debe rechazar la declaración conjunta del 27 de septiembre de
1995, por comprometer internacionalmente recursos que le pertenecen en
exclusividad a la Argentina y por abrirle la posibilidad al Reino Unido de
continuar y/o consolidar su ocupación ilegal.
El gobierno
nacional debe retomar la política tradicional en materia de
Malvinas:sostener el reclamo en las Naciones Unidas, en todos sus órganos e
instancias, en la O.E.A y en todos los foros internacionales, recreando y
mejorando las relaciones con las demás naciones del mundo, grandes y
pequeñas. Se debe reclamar al Reino Unido el cumplimiento de las
resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, e impulsar el
inicio de negociaciones directas que “incluyan” el tema soberanía.
En pocas
palabras, se debe tener una política de estado para recuperar la soberanía
Argentina en las islas Malvinas.
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