El último que «pague la luz». Apuntes de un asistente inexperto.

En el día de ayer la Comisión de Energía de la Fundación Alem organizó una reunión destinada a analizar la Agenda Energética 2021, centrada en la presentación del Informe Anual 2020 del Instituto Argentino de Energía General Mosconi (IAE). El panel contó con Jorge Lapeña, Nicolás Gadano y la coordinación de Alejandro Einstoss.

A continuación, presento una síntesis de 10 cuestiones principales interpretadas desde la visión de un economista:

1. Decadencia productiva

Argentina se encuentra en una trayectoria declinante de su producción de hidrocarburos. La producción de petróleo actual es el 56% del registro de 1998 (año máximo). En el gas, la producción de 2020 fue inferior a la de 2010. No es una caída coyuntural, sino una decadencia de largo plazo por falta de inversiones, incertidumbre regulatoria y falta de planificación.

2. Con la macro no alcanza, pero sin la macro es imposible

La fragilidad macroeconómica (inflación, volatilidad de precios, cepo cambiario y falta de crédito) condiciona totalmente al sector. Cualquier estrategia sectorial debe ser compatible con la política económica general, lo que exige una coordinación estrecha entre Hacienda y Energía.

3. La energía cuesta… los subsidios al consumidor, también

Los precios actuales, especialmente residenciales, no reflejan los costos de producción. La sustitución de precios por subsidios del Tesoro distorsiona la conducta del consumidor, que cree que la energía es barata cuando los costos de producción son cada vez mayores. Se debe aplicar selectivamente la tarifa social pero revisar los precios generales.

4. El petróleo y el gas son bienes transables

En Argentina, los precios de la energía primaria suelen estar desconectados de los valores internacionales (debido al “barril criollo” o licitaciones no competitivas). Es necesario abrir el mercado del petróleo y, en el gas, introducir competencia o usar referencias como el Henry Hub estadounidense para establecer precios realistas.

5. Convergencia de precios

Como consecuencia de lo anterior, los precios de los hidrocarburos deben tender a estar en línea con los precios internacionales de manera gradual.

6. Coaliciones de renta

La falta de competencia ha propiciado una coalición de intereses (provincias productoras, industria y sindicatos) cuyo objetivo es capturar la renta del sector. Estas conductas corporativas suelen superar la capacidad regulatoria del Estado.

7. Vaca Muerta no es “otra pampa húmeda”

Es necesario distinguir ficción de realidad. Vaca Muerta es importante pero está lejos de aportar los montos de exportación del sector agropecuario. El mayor potencial parece estar en el petróleo no convencional más que en el gas, cuya viabilidad actual depende de subsidios que el Estado no puede financiar.

8. Diversidad productiva y sector privado

Dada la crisis de las finanzas públicas, la reversión de la caída productiva depende de la ampliación de la presencia del sector privado, pero siempre bajo un marco regulatorio consistente y planes estratégicos que limiten las influencias corporativas.

9. Matriz energética y desarrollo sostenible

Nuestra matriz está dominada en un 85% por combustibles fósiles. Si no diversificamos hacia energías alternativas, tendremos dificultades para acceder a mercados internacionales y adaptarnos a los cambios tecnológicos globales (como los planes de Europa y EE.UU.).

10. Necesidad de planificación

El mercado por sí solo no resolverá la complejidad del sector. Se requiere una planificación estratégica del Estado y un consenso amplio para evitar la captura de rentas y asegurar un desarrollo energético sustentable a largo plazo.

Publicado originalmente en Nuevos Papeles el 6 de Marzo de 2021.